Días de angustia: Marcela y María, en la Base Naval con la foto de sus esposos. Ninguna de las dos les cree a las autoridades: “Nos mintieron desde el primer día y a algunos familiares los engañaron para que no hablen”, aseguran.
Días de angustia: Marcela y María, en la Base Naval con la foto de sus esposos. Ninguna de las dos les cree a las autoridades: “Nos mintieron desde el primer día y a algunos familiares los engañaron para que no hablen”, aseguran.

A menudo sienten que el dolor les aprieta el pecho hasta asfixiarlas y que ya no tienen más lágrimas para llorar. María y Marcela caminan lentamente por la playa en busca del mar, mirando un punto fijo en el horizonte, como si allí pudieran encontrar una respuesta. “El otro día me quedé dormida en la playa y soñé con Germán… Me abrazaba y me decía ‘tranquila Ita, no te hagas más problema, que yo estoy bien’. Pero no puedo interpretar el sueño… No sé si me lo decía porque está vivo, o porque está en los brazos de María y Jesús”, cuenta María Itatí Leguizamón (formoseña, 31 años, abogada y licenciada en Comunicación Social), la esposa del sonarista santafesino y cabo primero de la armada Germán Oscar Suárez (29).

A su lado, Marcela Moyano (santafesina, 46 años, maestra de 5º grado en la escuela número 58 de Mar del Plata), mujer del jefe de mecánicos del ARA San Juan,  (44), la escucha sin dejar de observar el mar. Y rompe el silencio con una frase que desgarra: “Desde el 15 de noviembre casi no duermo… Porque si cierro los ojos por mucho tiempo, pierdo tiempo valioso en el que puedo buscar a mi esposo. Tengo la esperanza de que uno de estos días entre a mi casa y me diga: ‘Amor, volví, se terminó esta pesadilla'”. Ellas no se conocían, pero el dolor las unió a una misma causa. Desde hace 34 días rezan y piden que sus maridos y los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan aparezcan con vida.

“SI SE HUBIESE RECIBIDO DE CURA, ESTARÍA AQUÍ”. María nació en Formosa y Germán, en Santa Fe; el amor los unió en Mar del Plata. Se conocieron en febrero de 2014, cuando ella comenzó a formar parte del grupo de jóvenes de la Capilla Nuestra Señora de Fátima. Ahí él era el líder, y en una de esas salidas a misionar, se enamoraron. Recién un año después decidieron ponerse de novios. Ese mismo día, cuando formalizaron, comenzaron a planear su boda. “Germán era muy católico. Tanto que estuvo a punto de tomar los hábitos. Si eso hubiese pasado, estaría aquí… El 6 de junio del 2015, cuatro meses más tarde de ponernos de novios, nos comprometimos ante Dios. Con un Padre, en la iglesia y con fiesta. Y el 5 de diciembre nos casamos. Increíblemente, la torta del casamiento era un submarino”, confiesa María. Ya marido y mujer, se mudaron al barrio El Gaucho y comenzaron a buscar un bebé mientras ella abría su estudio de abogados. El ingresó a la Armada en 2009, se recibió de submarinista en 2012, y un año más tarde le llegó la gran oportunidad de su vida: ser sonarista del ARA San Juan. “El 4 de noviembre llegó a Ushuaia y me llamó por teléfono. Se había llevado varios libros para rezar. Me pidió que meditara mucho para tratar de mejorar. En la charla que tuvimos, me dijo que habían tenido un viaje tranquilo. Hoy creo que no me quiso contar la verdad para no preocuparme”, rememora María.

Izquierda: Marcela y Hernán en la última foto que se sacaron juntos el 24 de octubre, un día antes de la partida del submarino. Derecha: María junto a Germán el día de su casamiento: 5 de diciembre del 2015. Se conocieron en febrero y diez meses después, ya eran marido y mujer.

Izquierda: Marcela y Hernán en la última foto que se sacaron juntos el 24 de octubre, un día antes de la partida del submarino. Derecha: María junto a Germán el día de su casamiento: 5 de diciembre del 2015. Se conocieron en febrero y diez meses después, ya eran marido y mujer.

“NO QUERÍA NAVEGAR MÁS”. Marcela y Hernán nacieron en Real del Padre, un pueblo de seis mil habitantes, en el sur de Mendoza. Habían estudiado en la misma escuela primaria y los dos trabajaron en la fábrica Canale. Pero como cada uno tenía su pareja, entre ellos nunca hubo nada. Claro que se reencontraron en 2011, cuando ella atendía los fines de semana una panadería porque el sueldo de docente no alcanzaba. Separada y con dos hijos –Nicolás (24) y Virginia (22)–, se enamoró de aquel viejo conocido que también estaba separado y era papá de Francisco (17). En febrero de 2012 arrancaron con un feeling virtual a través del celular. Y el 22 de mayo se produjo el primer encuentro. Hernán vivía en Mar del Plata y le pidió a Marcela que se mudara con él, pero le dijo que no. “La Armada le dio seis meses de vacaciones y desesperadamente buscó otro trabajo. Pero no encontró nada y se volvió a La Feliz”, recuerda Marcela con angustia. Sabe que si hubiese conseguido otro empleo, el suboficial mayor, con más de veinte años de servicio, nunca hubiese estado en el submarino. El primero de abril de 2016 se fueron a vivir juntos al barrio San José. “Tenía problemas de gastroenteritis y psoriasis. Cuando llegó a Ushuaia el 4 de noviembre, le ofrecieron abandonar la misión, pero él dijo que no. Yo le pedí que se volviera, pero no quería dejar a sus compañeros”, explica Marcela.

–¿Alguna vez les hablaron de la existencia de fallas en el submarino?
María: Germán no hablaba mucho ni contaba nada para que no me preocupara. Te dije que cuando llegó a Ushuaia, me comentó que tuvieron un viaje perfecto. Pero hablando con familiares, sé que no me dijo la verdad.
Marcela: Salieron el 25 y hasta el 23 estuvieron trabajando en el submarino. Hernán le confesó a Claudio, su hermano, que el buque no estaba preparado para aguantar 45 días bajo el agua…

–¿Y por qué se fueron tantos días, entonces?
María: Escuché que era el último viaje del capitán, y él se quería retirar con una navegación larga porque esto le dejaba un buen currículum. En una reunión que tuvimos con compañeros del buque, contaron que en un viaje en 2014 no podían emerger porque se quedaron sin propulsión. Todos coincidieron: “¡Salimos de milagro!”. También uno de los familiares tiene un video, que ellos mismos grabaron, cuando en una navegación se quedaron sin luz.

La última imagen: dos meses antes de partir a Ushuaia a una misión secreta, toda la tripulación se sacó una foto arriba del ARA San Juan. Fue el 1º de agosto de este año. En ese momento, nadie imaginaba la tragedia.

La última imagen: dos meses antes de partir a Ushuaia a una misión secreta, toda la tripulación se sacó una foto arriba del ARA San Juan. Fue el 1º de agosto de este año. En ese momento, nadie imaginaba la tragedia.

–¿Ustedes creen que fue una misión suicida?
Marcela: Ahora que nos juntamos entre todos y pudimos compartir mucha información, nos damos cuenta de que sí. Pasaron muchas cosas previas, alarmas que se encendieron, pero nadie tomó las medidas necesarias.
María: El sábado antes de que zarparan lo fui a ver a la base de Mar del Plata, y mientras tomábamos mate, le dije, llorando: “No vayas”. No me gustaba una misión de tanto tiempo. A veces se iban cinco días y a los tres tenían que volver porque se les rompía algo…

–¿Qué te dijo Germán cuando le pediste que no se subiera?
María: Que a él nunca le iba a pasar nada porque éramos una pareja bendecida por Dios. Me decía que hubo gente que navegó treinta años en el ARA San Juan y que se había retirado sin problemas. Su fe era lo que más me convencía.

 El submarino no estaba bien. Por ejemplo, tenía las bengalas de emergencia vencidas. Iban a comprar otras en Alemania, pero recién en 2018…

–¿Tienen alguna teoría de qué pudo pasar?
Marcela: No sé… Hablé con personas que tienen experiencia y dicen que las causas pueden ser varias. Lo raro es que no hayan podido activar ningún sistema de emergencia. No sé qué pensar. En julio había vuelto de una misión y me dijo que un submarino nuclear inglés los había perseguido…
María: El 70 por ciento de los comentarios de la gente que me escribe afirma: “lo hundieron los ingleses”. Ahora sé que el submarino no estaba bien. Por ejemplo, las bengalas de emergencia estaban vencidas. Iban a comprar otras en Alemania, pero recién en el 2018…

Una es maestra, la otra, abogada. Antes del desastre casi no se conocían. Ahora caminan juntas en busca de la verdad. El viernes, cuando se cumplió un mes, marcharon en Mar del Plata para que el Gobierno Nacional no abandone la búsqueda.

Una es maestra, la otra, abogada. Antes del desastre casi no se conocían. Ahora caminan juntas en busca de la verdad. El viernes, cuando se cumplió un mes, marcharon en Mar del Plata para que el Gobierno Nacional no abandone la búsqueda.

–¿Todavía tienen esperanzas?
Marcela: Sí. Estamos viviendo una pesadilla, pero tenemos esperanzas. Todavía no puedo decir: “No lo voy a ver más”. Pero también soy realista y sé que necesitamos un milagro. Pongo todo en manos de Dios: sé que me lo va a traer de nuevo.
María: Los familiares tenemos un grupo de WhatsApp. Ahí alguien tiró que un vidente les dijo que estaban vivos y todos nos agarramos de eso. En mi cabeza racional sé que están muertos. Pero emocionalmente, creo que va a volver. Todavía no toqué ninguna de sus cosas porque lo sigo esperando.

Por Sergio Oviedo. Fotos: Christian Heit y Telam

Fuente: Infobae.