El camionero Hugo Moyano perdió varios apoyos para su marcha del miércoles 21.
El camionero Hugo Moyano perdió varios apoyos para su marcha del miércoles 21.

El almanaque habla del deterioro que sufrió Hugo Moyano en el armado de su protesta contra el Gobierno: apenas un mes después del asado compartido con Luis Barrionuevo en la costa, el miércoles próximo se subirá al palco en la 9 de Julio con menos compañías de las que imaginaba. El líder gastronómico acaba de bajarse. Y otros nunca se subieron. La poda de adhesiones va en paralelo con el aumento de sus preocupaciones judiciales. Pero el punto ya no es sólo la marcha, sino cómo sigue el juego. Y el horizonte expone una CGT más fragmentada y el arranque real de la pulseada por las paritarias.

¿Todo se reduce al puro acierto del oficialismo para achicar el palco moyanista? ¿Apuestas diferentes en el fisurado frente sindical? Un poco de todo seguramente, pero en especial errores políticos iniciales del propio Moyano. El asado marplatense terminó con un fuerte documento crítico apuntado a la gestión de Mauricio Macri y un discurso que de algún modo alertaba sobre la onda expansiva de algunos casos resonantes de corrupción en el ámbito sindical. Pero nadie podía creer que los jefes gremiales iban a darle a Moyano un poder que ninguno de ellos puede exhibir, colocándolo de hecho un escalón por encima de cualquier referente cegetista.

Más difícil era imaginar que la ofensiva de Moyano y algunos aliados, casi por la fuerza de los hechos consumados, iba a arrastrar más dirigentes o que muchos de ellos iban a dinamitar todos los puentes de negociación con el poder político.

Juego de presiones y contactos

Algunos, los “gordos”, los “independientes” y varios que escapan a ese etiquetado –en conjunto, buena parte de los principales gremios- ya habían tomado distancia de la cita veraniega. Y otros, en especial el anfitrión Barrionuevo, renovaron mensajes posteriores hacia el Gobierno.

Carlos Acuña, uno de los integrantes del triunvirato que conduce la CGT, se diferenció de Moyano.

Carlos Acuña, uno de los integrantes del triunvirato que conduce la CGT, se diferenció de Moyano.

El juego de presiones y contactos es parte del ejercicio habitual, razonable más allá de algunas sobreactuaciones como las de Carlos Acuña, integrante del triunvirato cegetista, que no advirtió la velocidad de las movidas en el tablero, cargó muy duro contra algunos colegas de la CGT –sobre todo, contra Héctor Daer- y quedó descolocado cuando Barrionuevo puso la luz de giro.

Las fisuras en la central sindical ya habían colocado en un plano formal las cuentas atadas exclusivamente a sus tres secretarios generales. Acuña difícilmente puede recomponer con Daer, y Juan Carlos Schmid –el otro integrante del triunvirato- sigue aún con perfil propio junto a Moyano.

La crisis desatada en las filas sindicales se tensó a tal punto que ni siquiera la CATT (la confederación de trabajadores del transporte) aparece más o menos alineada bajo el ala moyanista. La ofensiva de los camioneros no es acompañada por la UTA y los ferroviarios. Es un dato que destacan en medios sindicales como extensión de los quiebres anotados en estos días.

El trabajo de los ministros

El Gobierno, con varios ministros y otros operadores, trabajó sobre esas diferencias. Pero conviene hacer dos salvedades: algunas de las vías de contacto han permanecido inalteradas incluso en los momentos de mayor tensión –por ejemplo, en medio de las presiones por la reforma laboral, después desarmada- y la rigidez pública sobre pautas o techos para la negociación salarial no fue tal en las conversaciones reservadas.

Jorge Triaca, esmerilado por el caso de la empleada de su quinta familiar y con futuro dañado, se ha mantenido de todos modos como principal canal de tratativas con los jefes sindicales.

El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y el sindicalista José Luis Lingeri

El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y el sindicalista José Luis Lingeri

Otros colegas del ministro también aportaron. Rogelio Frigerio lo viene haciendo en el marco del espacio político que ocupa y por su relación directa con obras públicas, entre otros rubros. Guillermo Dietrich cultiva contactos en su área, el transporte. Y Andrés Ibarra lo hace con los estatales, centralmente con UPCN.

De todos modos, se ha dicho, eso sólo no es determinante. La propia dinámica sindical es la que genera las fisuras por donde, en todo caso, circulan esas aguas. Y en ese contexto, la cuestión vuelve a ser qué tipo de confluencia orgánica quieren darse los distintos referentes de la CGT. No puede decirse que ocurra en espejo con el debate hacia el interior del peronismo, pero sí que tiene puntos de contacto.

Barrionuevo aludió a esa cuestión en las declaraciones y el documento que difundió para hacer pública su decisión de no adherir al acto de Moyano. Se refirió en particular a la alianza con sectores kirchneristas. “Eso es lo público, pero lo que busca ahora es recomponer con el Gobierno“, dice un experimentado dirigente sindical. Es cierto, y hay registro de contactos retomados por el dirigente gastronómico para reabrir puertas del oficialismo, aunque al menos también es un dato que el palco que se viene en la 9 de Julio facilitó las cosas.

Al lado del kirchnerismo

El acto sumó apoyos de dirigentes kirchneristas, de las dos CTA y de los movimientos sociales, además del puñado de gremios tradicionalmente alineados con los camioneros. No es fácil de digerir tampoco para Moyano: con muchos de ellos se enfrentó durante años y, además, no comparte visiones sobre el modelo sindical. Es más, en parte han sido una competencia, con proyectos contradictorios.

El titular del gremio de los bancarios, el kirchnerista Sergio Palazzo

El titular del gremio de los bancarios, el kirchnerista Sergio Palazzo

Un ejemplo menor pero ilustrativo es el caso de los bancarios, conducidos por Sergio Palazzo, kirchnerista que acompaña activamente la convocatoria de Moyano. En su pulseada por la paritaria del sector, el jefe de la Bancaria incluye el rechazo a la eliminación del “aporte solidario” para el gremio impuesto a los trabajadores sin afiliación sindical. Ese tipo de descuento salarial fue cuestionado en varias oportunidades por las CTA.

Por supuesto, en un punto coinciden más allá del discurso los jefes cegetistas hoy enfrentados: ninguno está dispuesto a descuidar su gremio. Y esa condición elemental remite a las discusiones salariales que ya comenzaron. La idea oficial de acuerdos con techo del 15% anual sin cláusula gatillo cosecha además de rechazos públicos, negociaciones más reservadas que evitarían posiciones inflexibles.

“No importa el nombre. Puede ser cláusula gatillo, revisión de los acuerdos o como quieran llamarlo. Pero sin algún mecanismo que garantice la recomposición, las paritarias no cierran”, advierte un referente sindical lejano al moyanismo. Y de eso se viene hablando con el Gobierno por los múltiples canales referidos. Es un mensaje que también han recibido algunos empresarios.

En las últimas horas, el oficialismo celebró y difundió el acuerdo cerrado por el gremio de aguas (obras sanitarias), que conduce José Luis Lingeri. Se habló de 15% en dos cuotas. El trato dice más que eso. Incluye además el reconocimiento de ajuste por la “pérdida” del año pasado: son 2,8 puntos. Con un agregado de hecho: en enero del año que viene se hará una revisión similar. Es una salida.

La paritaria docente en la Provincia

Una prueba destacada será la de los docentes de Buenos Aires. La gobernadora María Eugenia Vidal convocó para hoy a la primera reunión formal sobre salarios. Y frente a ella, en el conglomerado de la media docena de gremios, volverá a recortarse la presencia de Roberto Baradel. Nada augura un trámite sencillo, aunque esta vez los números indiquen otra cosa.

La gobernadora María Eugenia Vidal convocó para hoy a los gremios docentes.

La gobernadora María Eugenia Vidal convocó para hoy a los gremios docentes.

El año pasado, el reclamo docente fue de un aumento del 35% y la oferta provincial, de 17%. Se registraron muchos días de paro –sumados, tres semanas de clases- y más de una docena de encuentros entre funcionarios y el frente gremial. El resultado terminó siendo una suba de entre el 21,5 y el 24%, según como se consideren todos los puntos en discusión, con cláusula gatillo como reaseguro.

Esta vez, la oferta inicial del gobierno bonaerense está en el 15% y el reclamo, al menos el difundido hasta ahora, se anota con el 20%, más, claro, la famosa cláusula de recomposición. Este último punto es un problema para los funcionarios de Vidal. Antes, ese fue un punto central de su oferta. Pero en estos días, Macri dispuso tacharlo del temario. Tal vez el ingenio político encuentre algún mecanismo que en su formulación tenga un sentido parecido de garantía frente a la inflación.

La de Buenos Aires es una pulseada con todos los ingredientes políticos: Macri y Vidal –las dos figuras centrales del oficialismo-, los salarios, los gremios, el kirchnerismo. Fascinante, salvo que las clases vuelvan a quedar en suspenso. En ese caso, habrá que hablar en términos de costos o de niveles de desgaste de un lado y del otro.

Fuente: Infobae.