El 17 de agosto de 1850, el General José de San Martín murió a los 72 años en Boulogne-sur-Mer, Francia. Tres décadas después, sus restos regresaron a la Argentina y fueron depositados en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, donde permanecen bajo la custodia permanente de dos granaderos. Cada 17 de agosto, el país recuerda al Libertador de Argentina, Chile y Perú y vuelve sobre una historia marcada por la lucha por la independencia y el compromiso con la Patria.
La mañana del 17 de agosto transcurre cada año bajo el recuerdo de uno de los hombres fundamentales de la historia argentina. La figura del General José Francisco de San Martín vuelve a ocupar el centro de los homenajes cuando escuelas, instituciones, fuerzas armadas y organismos públicos recuerdan al Padre de la Patria y su gesta libertadora.
San Martín había nacido el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, en la actual provincia de Corrientes. Gran parte de su carrera militar se desarrolló en España, pero en 1812 regresó al Río de la Plata y se puso al servicio de la causa independentista. Fue entonces cuando comenzó una trayectoria que lo llevaría a convertirse en una figura decisiva para la emancipación de Argentina, Chile y Perú.
Al frente del Regimiento de Granaderos a Caballo y posteriormente del Ejército de los Andes, San Martín llevó adelante una de las campañas militares más trascendentes de la historia sudamericana. El Cruce de los Andes y las victorias de Chacabuco y Maipú fueron fundamentales para la liberación de Chile, mientras que su campaña en Perú contribuyó decisivamente a consolidar la independencia de ese país.
Después de aquellos años de campañas y decisiones políticas, el Libertador se alejó progresivamente de la vida pública y emprendió su exilio europeo. En 1834 se instaló en una vivienda de Grand Bourg y, en 1848, se trasladó a Boulogne-sur-Mer. Allí transcurrieron sus últimos años, acompañado por su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y sus nietas, además de personas cercanas que estuvieron junto a él durante sus últimos momentos.
En la tarde del 17 de agosto de 1850, José de San Martín murió en su residencia de Boulogne-sur-Mer, a los 72 años. Su fallecimiento se produjo a las 15:00, horario que con el paso del tiempo quedó incorporado al ceremonial de los homenajes que se realizan cada año en la Argentina.
Pero aquella muerte ocurrida en Francia no significó el final de su presencia en la historia argentina. Treinta años después, en 1880, sus restos fueron repatriados y trasladados a Buenos Aires. Desde entonces descansan en el mausoleo construido en la Capilla Nuestra Señora de la Paz, dentro de la Catedral Metropolitana. El lugar se convirtió en uno de los principales sitios de homenaje al Libertador y cuenta con una guardia permanente de dos granaderos.
La memoria de San Martín también está presente en la llama votiva ubicada en la Catedral Metropolitana, encendida en homenaje al Padre de la Patria. El símbolo recuerda permanentemente su espíritu y los valores asociados a su gesta emancipadora.
Cada 17 de agosto, la conmemoración adquiere además una expresión particular en el ceremonial de la Bandera Nacional. El Decreto Nacional Nº 1021/1988 establece que las banderas argentinas que se enarbolen en el territorio nacional deben permanecer a media asta entre las 14:30 y las 15:30. La disposición busca expresar el duelo por el fallecimiento del Libertador.
El protocolo contempla que, al momento de colocarla a media asta, la bandera sea llevada primero hasta el tope del mástil y luego descendida. Cumplida la hora de homenaje, a las 15:30, vuelve a elevarse hasta el tope. De esta manera, el gesto de duelo queda concentrado en esa franja horaria y se vincula simbólicamente con el momento en que San Martín pasó a la inmortalidad.
Así, cada 17 de agosto, una bandera que desciende lentamente y vuelve a elevarse vuelve a contar una historia que comenzó mucho antes, en los campos de batalla de la independencia sudamericana. A las 15:00, el recuerdo se detiene especialmente en aquel instante de 1850 en que el Libertador dejó de existir físicamente en una casa de Francia.
San Martín murió lejos de su tierra natal, pero sus restos regresaron a Buenos Aires y su nombre quedó ligado para siempre a la construcción de la independencia. A más de un siglo y medio de su muerte, la ceremonia, los granaderos y la bandera a media asta mantienen vivo el homenaje a un hombre cuya figura trascendió las fronteras argentinas para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la emancipación de América del Sur.